Warren Buffet tiene el encanto que los irlandeses atribuyen a los duendes: es un archimillonario discreto. No se le ve, pero se sabe que está ahí. Este gnomo financiero tan amable acaba de inyectar su proverbial dosis de confianza a contrapié, legendaria en Wall Street, con un cheque de 5.000 millones de dólares directamente al capital de Goldman Sachs. Hay que tener mucho aplomo y confianza en el criterio propio para ignorar la oleada de miedo y poner dinero en un banco de inversión. Por más que Morgan Stanley y Goldman Sachs hayan buscado el burladero de una licencia de banca comercial, lo más probable es que sigan haciendo lo que han hecho hasta ahora, es decir, banca de inversión, con una modesta red de depósitos bancarios. Pero Buffett sigue terne en el principio que tanta riqueza y fama le ha proporcionado: importa la rentabilidad del negocio; las modas y los pánicos son factores secundarios. Leer noticia completa…
Pearl Harbor como metáfora
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