El vendedor no sólo persuade o convence, el vendedor analiza y estudia al cliente, observa sus capacidades y sus puntos de indecisión.
El cliente que no quiere comprar es un caso perdido, pero el que duda, es una ventana entornada a la venta, sólo debemos conseguir abrirla, demostrarle que sí quiere comprar.
La unanimidad es una fuerza poderosa, una especie de magnetismo al que gran parte de los seres humanos tienen el impulso de seguir. Sólo hay que saber utilizarla a nuestro favor.
Muchos estudios han analizado el comportamiento del hombre desde diferentes entornos llegando a la conclusión de que en caso de duda, incluso de convicción, el poder de las masas puede influir de forma decisiva en una persona.
En marketing, eso es una herramienta poderosa, el vendedor que consiga demostrar que la mayoría elige su producto, tendrá mucho terreno ganado.
El caso de Hitler fue un claro ejemplo: los movimientos sociales se guiaban a favor de las masas, que servían de agente socializador.
Este caso es extrapolable a la formación comercial, si conseguimos que nuestros vendedores sean soldados implacables que demuestren que la mayoría quiere comprar este producto, el cliente se planteará de forma seria hacer esta compra.
No quiero que la gente confunda los términos de este artículo y vea alguna apología del nazismo, sólo es un ejemplo del Principio de la Unanimidad que consiguió que millones de personas se afiliaran a un partido sin objetar nada, al igual que podrían haber ido con los ojos cerrados a comprar mantas, o pan, o máquinas de escribir, si el resto lo hubiese hecho.







