Cuando estés listo para cerrar la venta tu vista sólo debería fijarse en dos lugares. O bien en el producto (o contrato), o bien en los ojos del cliente. Mirar hacia cualquier otro lado es un síntoma de debilidad, y no pasa desapercibido.
Cuando estés fijando el trato y el precio es necesario mirar fijamente a los ojos del cliente. Si no puedes mantener contacto ocular en ese momento ¿cómo esperas que el cliente crea en lo que dices? ¿y tu mismo en lo que vendes?.Si mantener el contacto ocular es un problema trata de ayudarte con esta técnica: todos los días por la mañana mírate en un espejo y ‘fija el precio’ con argumentos unas cuantas veces, a ti mismo…
Esta práctica resulta hilarante para algunas personas, pero es realizada por multitud de profesionales que necesitan mostrar aplomo en sus apariciones públicas, y tras una práctica diaria durante un tiempo ofrece resultados reales.



